SER FRAGIL…QUE HAY DE MALO EN ESO?

Recientemente le comente a una amiga sobre este libro que estaba leyendo, de  Brene Brown: FRAGIL!  Solo el nombre te da deseos de correr, verdad?  Pues no te asustes…. Aquí te resumo:

En este libro Brown habla de dos grupos de personas: los que tenían un sentimiento interno de dignidad y de pertenencia y los que no se sentían dignos de pertenecer, de ser aceptados por los demás. Los primeros, se sentían merecedores de pertenecer y de recibir el amor de los demás y los segundos no.  Esos primeros tenían coraje; que es poder explicar la historia de quién tu eres desde el corazón. Podían aceptar sus imperfecciones y la vulnerabilidad que se produce cuando,  eres capaz de reconocer ante los demás  tus debilidades y miedos.

La vulnerabilidad, la ternura, la capacidad de dar amor son cualidades que empiezan cuando dejamos de controlar y aceptamos que sólo desde ahí, desde ese lugar en el que todas las emociones son posibles (la vulnerabilidad), es desde donde se establece la verdadera conexión con los demás. El problema, es que muchos de nosotros, desde niños hemos aprendido que ser vulnerable es ser débil. Que si los demás detectan esa “debilidad” pueden lastimarte. Que sólo los fuertes sobreviven. Que hay que ser “lo más perfecto posible“. Que es más importante lo que haces o lo que tienes, que quién eres.

Ligamos nuestra autoestima a lo que creamos o producimos.   Cuando has entregado tu autoestima a lo que haces, estas entregándola a la opinión de los demás. Convirtiéndote en un prisionero  de la complacencia, el rendimiento y el perfeccionismo.

Cuando somos conscientes de la vergüenza y le ofrecemos una fuerte resilencia, el panorama es distinto: sigues queriendo agradar a los demás, que te admiren por lo que has creado, pero tu autoestima no está en juego. Sabes que eres mucho más que un oído que escucha siempre a quien te necesita, que una idea innovadora o que una buena charla.

Cuando no peligra nuestra autoestima, estamos mucho más dispuestos a ser valientes y a arriesgarnos a compartir nuestras aptitudes y dones. La vergüenza no nos deja crecer, nos llena de remordimientos y miedo.

Ese miedo profundo que todos tenemos a equivocarnos, a que nos humillen y a sentirnos inferiores a otra persona, es lo que impide que asumamos los riesgos necesarios para que nuestra vida prospere.

Actualmente nuestra sociedad está o  muy endeudada, o muy obesa,  o muy medicada. Más que nunca antes.  Porque? Pues porque nos estamos adormeciendo selectivamente; es decir, sino quiero que me duela esto que esta ocurriéndome ahora, pues  me tomo una pastillita que me tumbe. Así logramos adormecer la vergüenza, el miedo, el dolor Si mi situación es demasiado difícil, entrémosle con  una cervecita o un buen pedazo de bizcocho en lo que la solución aparece, sin embargo lo que aparecen son una libritas  de mas y una salud perjudicada.  Verdad? Y así, paso a paso, vamos ocultando bajo una gruesa capa (consumo, comida, adicciones, tensión, estrés, medicamentos, enfermedades,  etc..), nuestra parte más sensible, nuestro yo más preciado.

Los  problemas se agravan cuando niegas esta parte de ti, cuando renuncias a sentir las emociones que “no te gustan”. Entonces  las que “te gustan” se resienten. La vida es un todo y somos nosotros los que juzgamos aquello que nos pasa como bueno o como malo. Cuando dejas de juzgar y simplemente sientes, empiezas a vivir. Y cuando empiezas a vivir desde ese Yo real y vulnerable, tu capacidad de conectar con las personas a tu alrededor cambia, pero de una manera astronómica! Se acaba el miedo, ya no quieres ocultarte y comienzas a pasarla bien, siendo imperfecto.Así, que…te atreves a compartir que te hace vulnerable? Y comenzar a recuperar tu autenticidad?