Yo!!! Vulnerable! ta loc@!

 

No hay ser más cruel con nosotros, que a veces, nosotros mismos. Sobre todo cuando no nos permitimos hacer o sentir aquello que creemos socialmente poco aceptable, como mostrarnos vulnerables. Porque la vulnerabilidad nos conecta con aquella parte íntima nuestra que no nos gusta enseñar. También nos relaciona con la vergüenza, que tanto puede bloquearnos y que nos hace escondernos en lo profundo de nuestra cueva (es el famoso “trágame tierra”). Y, a la vez, es posible que pensemos que si los demás saben cómo somos realmente, acaben rechazándonos.

 

Porque es tan difícil?  Nadie nos ha enseñado a gestionar nuestra vulnerabilidad. Pero lo que sí es cierto es que seguiremos siendo humanos (la vergüenza, la vulnerabilidad son indisociables de nuestra calidad de seres humanos) y cuando se tiene el valor de sentirse y admitirse vulnerable o frágil en situaciones nuevas, confusas o desfavorables, somos capaces de apreciar la vida tal y como es, y empezar a amarnos tal y como somos.

 

Hay algo que es importante tener muy presente. Ser vulnerable no significa ser débil. Sólo una persona madura, firme y con fortaleza puede permitirse aceptar y mostrar su vulnerabilidad. Lo contrario de ser vulnerable es ser insensible y una persona que no siente vergüenza es alguien incapaz de tener empatía, de contactar y amar al otro.

 

Así que asumir que somos como somos y que tenemos mucho que aprender todavía en nuestra vida, a lo largo de toda ella, es un signo de sabiduría y demuestra el empeño de obtener de la vida todo aquello que nos merecemos, porque nos da la capacidad de aprender cada día, de adaptarnos a los cambios, de aceptarnos y de amarnos y, por supuesto, de aprender a querer y a aceptar a los demás, sobre todo gracias a su vulnerabilidad.

 

Te atreves a compartir que te hace sentir vulnerable? Frágil? Rompible?

 Texto original de Cristina Serrat.